Ansiedad, ¿es posible aliviarla?

La ansiedad es una respuesta de nuestro cuerpo que se caracteriza por un conjunto de síntomas que van desde sensaciones corporales (ahogo, palpitaciones, sudoración, nudo en la garganta, miedo, problemas estomacales..) hasta pensamientos y creencias (temor a un estímulo, desesperanza, miedo a la pérdida de control, desazón porque ocurra algo malo…).

Es una respuesta normal del cuerpo ante un estímulo que nos parece amenazante (sea o no realmente amenazante nuestro cuerpo así lo siente). Se trata de algo que, aunque no nos resulte desagradable, forma parte de la experiencia del ser humano. Todos en algún momento experimentamos ansiedad.

Algunas personas cuando experimentan esa sintomatología tan desagradable, incómoda e incluso dolorosa es habitual que se asusten y comiencen a realizar comportamientos para neutralizarla. Estos intentos de neutralización es lo que denominamos “luchar contra la ansiedad”. Esta lucha está encaminada a que los síntomas desaparezcan y a minimizar las probabilidades de que nos sintamos ansiedad. Usualmente se tiende a evitar situaciones que  generan ansiedad, se hacen comportamientos de distracción, se tiende a pensar sobre eso, dejamos de hacer cosas que creemos que nos podrían poner ansiosos, etc.

 

Este tipo de comportamientos reducen a corto plazo el malestar de la ansiedad pero a la larga pueden tener un costo importante en nuestra vida. Podemos perder actividades importantes que nos gustan y deteriorar nuestras relaciones con los demás además de hacer mella en nuestra autoestima.

Quien padezca u observe a alguien con ansiedad, notará la paradoja de las evitaciones: parecen la única buena idea a corto plazo pero a la larga no hacen que desaparezca… La mantiene e incluso la aumenta.

En resumen, además de privarme de hacer cosas valiosas por evitar sentirla la alimento y aumento a largo plazo…Mal negocio, no?

 

Desde las Terapias de Aceptación y Compromiso (ACT) se proponen una serie de estrategias que pueden ayudarnos a salir de este enredo y llevar una vida plena.

“Permanecer” sintiendo ansiedad: experimentar y mantenerme en lo importante.

El abandono de la lucha es un paso primordial para liberarnos de la ansiedad. Aprender a dejar estar la ansiedad y seguir realizando nuestras actividades importantes es crucial para “ponerla a raya” y conseguir que disminuya. Aprender a notar mi ansiedad, perderle el miedo, sentirla, experimentarla y dejarla pasar son movimientos clave que pueden ayudarnos a salir de la lucha infructuosa del bucle.

 

Otro aspecto muy importante en la lucha de la ansiedad es la rumia. Rumiar es un intento mental de solucionar el problema, de encontrar por fin la solución que haga que acabe nuestro sufrimiento. Es el “dar vueltas y vueltas” al tema. Pensar en la emoción no sirve de mucho, es más, tiene tendencia a alimentarla aún más a consecuencia de centrar tanta energía en mi problema. ¿y si consiguiéramos mover toda la energía que gastamos en dar vueltas hacia otra cosa? ¿Me acercaría un poco más a la vida que deseo? ¿Pondría así un poco “a raya” a mi ansiedad?

 

Aprender a parar el comportamiento de dar vueltas es crucial para dejar de luchar contra la ansiedad y conseguir llevar una vida plena. El mindfulness y las técnicas de meditación son centrales en este tipo de terapias. Ayudar a la persona a no dar vueltas a los síntomas y los pensamientos ansiosos reducen significativamente el bucle ansioso y ayudan a que nos acerquemos a las personas que queremos ser.

Volver a conectar con las cosas valiosas de mi vida.

La ansiedad tiene tendencia a empujarnos hacia las evitaciones y los sitios seguros y tranquilos. Si padeces o conoces a la ansiedad sabrás que son estrategias infructuosas ya que no ayudan a acabar con la ansiedad además de alejarnos de las cosas que nos gustan. Explorar y conectar con los valores que son importantes para nosotros y utilizarlos como brújula para andar hacia ellos a pesar de que la ansiedad haga su aparición es crucial. Aprender a dejar de ser esclavo de la ansiedad y dejar de concederle el poder de mi vida para poder centrarnos en las actividades y actitudes que realmente importan.

 

¿Cuál es la mejor versión de mi mismo que puedo dar ahora mismo? ¿Qué es lo que quiere la ansiedad que haga y qué es lo que yo quiero hacer? Este tipo de reflexiones nos ayudan a estar conectados con las cosas valiosas a pesar de que los síntomas hagan su aparición.